Las Patronas. Una crónica de Cecilia Ortiz

Desde hace muchos años sé que existen, no recuerdo cuándo o en dónde fue la primera vez que escuché de ellas pero siempre las he admirado. Las Patronas se ubican en la comunidad de La Patrona, Amatlan de los Reyes, a unos 20 minutos de Córdoba, Veracruz. En Córdoba tomé un camión que me llevó prácticamente a la puerta de Las Patronas, sin embargo, a pesar de ir siguiendo mi recorrido por GPS, me bajé del camión un par de cuadras después de lo debido.
Como no estaba segura de en qué lugar estaban ubicadas exactamente, paré a preguntar en una ferretería que estaba sobre el camino. Ahí estaba sentado un chico de aproximadamente 20 años quien llamó a su mamá cuando me acerqué a pedir indicaciones. Cuando salió la señora, el chico le mencionó que estaba buscando a Las Patronas y no tan convencida de querer ayudarme solo respondió “sigue derecho”. Supongo que mi cara aún era de confusión porque decidió completar su indicación diciendo “por la curva”.
Seguí mi camino y en la curva doblé a la derecha, al inicio de la calle ya se alcanzaba a ver la fachada rosa del albergue. Continué caminando y a unos cuantos pasos me topé con las vías y su imponente presencia. Me detuve un momento sobre ellas y como cubetazo de agua fría vino a mi mente la imagen de aquellos a quienes nunca conocí pero cuyas siluetas podía ver en ese momento sobre un tren en marcha.


Al llegar me sorprendió ver que es un albergue establecido y lleno de vida que te recibe con “los sueños también viajan” plasmado en su fachada.

Mi sorpresa no fue por haber encontrado un lugar bonito, fue porque en mi cabeza era tanta la ilusión de conocer a Las Patronas que nunca visualice el espacio donde todo sucedía.
Entré al terreno y después de cruzar un patio amplio, me detuve en la que parece ser una tienda de abarrotes, ubicada a la derecha del espacio, donde me recibió Julia “la chaparrita”. Le expliqué que estaba ahí para conocer el albergue y la labor que hacen. Me preguntó si ya había llamado antes y a pesar de que mi respuesta fue negativa eso no impidió que me llevara hasta la cocina donde me presentó parte del equipo.


Hasta ese momento aún no podía creer en donde me encontraba y mucho menos que estuviera hablando con Las Patronas.


Me ofrecí a ayudar con las labores pero solo accedieron después de invitarme a desayunar.…mientras limpiaba unas bolsas donde posteriormente serían servidos los lonches, platiqué con José, quien es de Guatemala y tiene dos meses viviendo en el albergue esperando a que le den su tarjeta de visitante por razones humanitarias. Viajó con un amigo y con su hermano quien ya está en el norte. Mientras espera, ayuda con las actividades del albergue y está al pendiente de la llegada del tren. El albergue Esperanza del migrante no es un espacio donde la población permanece durante mucho tiempo a excepción de algunos casos. Generalmente los migrantes que más tiempo se quedan son aquellos que sufrieron alguna herida o amputación.


El 14 de febrero Las Patronas cumplieron 25 años de labor y todo empezó con pan y leche.


Las Patronas están conformadas en su mayoría por hermanas y por otras mujeres de la comunidad que se han unido a la causa. Una de las hermanas me cuenta que cuando ellas eran niñas y veían pasar el tren pensaban que los hombres que viajaban ahí eran mexicanos que querían conocer el país sin gastar
dinero. Un día, su madre las mandó a la tienda a comprar pan y leche pero cuando iban de regreso a casa pasó el tren y les bloqueo el camino.
Cuenta que mientras el tren pasaba, los hombres les gritaban que por favor les regalaran su pan y su leche pero ambas volteaban a verse sin saber qué hacer. Siguió avanzando el tren y las suplicas no cesaron hasta que juntas tomaron la decisión de entregar el pan y la leche.
Al llegar a casa le contaron a su madre lo sucedido y le dijeron que los hombres que viajaban en el tren venían de otro lado, que tenían hambre y que querían ayudarlos.


Durante los primeros 8 años Las Patronas ofrecieron sus servicios gracias a los recursos que ellas mismas aportaban, cubriendo así necesidades de alimento y salud. La comunidad siempre se ha opuesto a la labor diciendo que lo que hacen es malo porque alimentan a delincuentes que huyen de sus países. La comunidad religiosa local tampoco las ha apoyado, por el contrario, ha buscado aprovecharse de los recursos que gestionan con tanto trabajo y dedicación.


Hace algunos años, llegaron a sus puertas unos jóvenes a quienes recibieron como a cualquier otro migrante. Sin embargo, estos les explicaron que no eran migrantes, que estaban haciendo un documental sobre la travesía en La Bestia y como habían escuchado que ellas daban comida querían que fueran parte de éste. Al principio todas desconfiaron de que las grabaran, sobre todo por la poca aceptación que tenían, pero accedieron porque “ya estaban aquí”. Un año después, los chicos regresaron con la noticia de que el documental estaba listo y querían estrenarlo en La Patrona. Poco a poco se difundió su labor y la ayuda comenzó a llegar.


Desde entonces las han visitado un sin fin de personas y las han invitado a muchos lugares dentro y fuera del país. Actualmente reciben donaciones permanentemente de Chedraui y los recursos que van necesitando los adquieren gracias a pláticas que dan en escuelas donde comparten una lista de las necesidades y posteriormente los alumnos las recolectan y se las hacen llegar. De igual forma, lograron mantener contacto con la oficina de atención al migrante quien las apoya en la canalización a hospitales cuando se requiere.

Norma es la coordinadora del albergue y quien, entre otras cosas, se encarga de trasladar a aquellos que requieren la atención médica. El camino no ha sido fácil y las historias que tiene para contar son dolorosas. Hasta la fecha y desde hace 8 años, en el patio del albergue descansan los restos de alguien que murió bajo los rieles del tren, sin identificación entre sus cosas ni alguien que lo conociera, Norma decidió realizar su sepelio y darle “santa sepultura”.

“Descansa aquí en nombre de todos los que pasan por lo mismo durante el camino pero que no podemos ayudar”.


El día siguió su curso y, como en todos los espacios de este tipo, la vida pasa muy rápido. En las horas siguientes se hizo la limpieza del lugar, se recibió a un grupo de motociclistas y sus familias quienes reconocieron la labor de Las Patronas y realizaron una colecta entre ellos en apoyo del albergue. Festejamos el cumpleaños de Mary y finalmente acudimos al estreno de “Im Leaving Now”, dirigida por Lindsey Cordero y Armando Croda (quienes se encontraban presentes en el evento), basada en la historia de un inmigrante que ha vivido
por 16 años en Estados Unidos y quien se encuentra entre el dilema de regresar a casa o permanecer en donde está.


Volvimos a casa y ya todas se habían ido, todas tienen su propia casa y sus familias pero “las mujeres nos damos tiempo para todo, somos mamás, esposas, doctoras, maestras, cuidamos”, me dijo una de ellas por la mañana.
En el alberge nos quedamos, Cesar, José, Carlos, Mali, Ricardo, Lalo y yo, quienes entre risas, café, pastel y galletas nos dispusimos a jugar UNO. Poco antes de las 11 de la noche, alguien grita “ahí viene el tren”, mientras otro corría al techo para asegurarse si apenas viene o va de regreso. ¡Va a subir!, escuchamos y como los otros, tomamos las cajas con lonches y nos
apresuramos hacía las vías midiendo el espacio entre nosotros y las vías.

Se escuchaba el sonido del tren y el rechinar de las vías en sintonía con los gritos de ¡comida! para avisar a quienes viajan en el tren.

El maquinista detiene el tren por un momento, “hay unos que hasta le aceleran aunque Norma les dé de comer” El tren sigue su curso y unos vagones después alguien toma la bolsa que mis brazos ofrecían.

Son milésimas de segundo en las que logras conectarte con una persona, ambos cambiamos nuestra vida de algún modo y después desaparecemos poco a poco. Sin la esperanza de volvernos a ver, sin saber nuestros nombres, nuestra historia, nada…


El tren sigue su curso…


…alguien sugirió que se hicieran llamar Las Patronas pero no parecían estar de acuerdo con el nombre, no querían que fuera malinterpretado como algo pretensioso o soberbio. Sin embargo, toman su nombre en alusión a la comunidad de La Patrona, lugar de donde son originarias y como forma de honrar a la Virgen.

Cecilia Ortiz. Comunicóloga itinerante, comprometida con hacer escuchar las voces silenciadas.

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