Por José Nava
Se llegó la hora de la función de box que mi padre estuvo esperando con ansias desde que se anunció. Empieza la presentación; un mariachi sorprende a propios y extraño, pues empieza a tocar una de la melodías más famosas que rodean el mundo del box en la pantalla grande: se escucha The Final Countdown (Europe), que sin lugar a dudas, a nosotros los chavos rucos, nos hace recordar la icónica película en donde Rocky pelea contra el Ruso (Rocky IV, 1985), para vengar la muerte de su amigo Apolo.
La entrada del Canelo en el T-Mobile Arena (Las Vegas, Nevada) es muy mexicana, como ya nos tiene acostumbrados; además de los mariachis, salen unas jóvenes con vestidos multicolores de esos que se usan para bailar el jarabe tapatío que me parecieron hermosas mariposas multicolores (¡ahuevo su tierra Guadalajara, la Perla Tapatía!); Canelo, con su habitual sarape, es alzado en una plataforma: salen vapores, fuegos pirotécnicos, chispas brillantes y doradas, toda un “show”; en la cima del mundo del boxeo esta él, el Canelo, el gran ídolo del boxeo mexicano…(¡ah, perdón ese es Chávez! – 107 victorias-).
Al ver toda aquella parafernalia, de nuevo me siento nostálgico por la pelea de Rocky y el Ruso, justo me dieron en el “cora”, snif… Mientras estaba en ese trance de nostalgias cursis de la adolescencia, se escucha un grito y un aplauso… es el Viejo, mi padre, grita emocionado. ¡Ay, papaya de Celaya!, ¡vamos Canelo!, ¡pártele su madre al ruso¡…y yo ¡a la bestía!, el Viejo anda con ¡todoooo¡
Al comienzo de la pelea, la sala está en silencio, nadie se quiere levantar del sillón, al parecer todos estábamos nerviosos: mi madre, que, en cada pelea del Canelo, dice… “!Ojala hoy sí se lo chinguen al wey…!; mi carnal, haciendo gala de su “gran conocimiento” del mundo del boxeo y de las ciencias ocultas… augura, como si fuera un vidente… “el ruso le va a ganar…”, el Viejo, los voltea ver y se los quiere “tragar” con la mirada, mientras empieza a comerse las uñas de las manos, las de los pies no, porque no se las alcanza…siempre comienza por el dedo gordo; mi esposa, tranquila sólo dice, con una leve sonrisa de maldad en los labios… “va a perder el Canelo”, pero lo hace sólo para contribuir un “poquito” a la molestia del Viejo, (jajajajaja se las debe el suegro); mi hijo, corre y corre, por aquí y por allá, le vale un soberano cacahuate el Canelo y el Ruso, el sólo quiere, como cantaba Cyndi Lauper… “just wanna have some fun”, yo, la verdad, no le sé mucho al boxeo, sé que es un deporte de dar y no dejar que te den…y, como miro al Viejo ya encabronado, era mejor estar en su esquina, no vaya hacer que aquí se armen “los pinches chingadazos”, como lo dijo el Teniente Harina.
Y como es habitual, al primer campanazo, “todos” nos volvimos expertos en boxeo, ¡tirale!, ¡pegale!, ¡boxealo Canelo!, ¡salte de las cuerdas, pinche Canelo!, ¡la guardia arriba padre!, ¡no bajes las manos!, ¡mueve la cintura, cabrón!, ¡eso, el upper!; pero para nuestra sorpresa y a decir de los que sí saben, el ruso si traía “con queso las quesadillas”; un boxeador que peleaba en su peso natural, el semipesado, rápido, fuerte, aguantaba los golpes de “poder” del Canelo, y contragolpeaba; nunca se salió de su plan de boxeo, se percibió que su equipo y él, estudiaron bien al rival, a conciencia…sus mejores momentos eran cuando tenía al tapatío contra las cuerdas…
Iban transcurrían los rounds y el Viejo miraba a su Canelo, más cansado y lento, sus golpes ya no eran de poder, parecía que iba ya sólo sobreviviendo la pelea (eso parecía)…el Viejo ya se empezaba a comer las uñas de la mano derecha… una comentarista sentenció: “no es lo mismo ver al León en la jaula que ya verlo venir…”, yo pensé, la esperanza muere al último Viejo.
Ya para el round ocho, el viejo esperaba un milagro, pues a su pesar iba aceptando que el ruso iba ganado la pelea… ¡vamos Canelo, vamos, tírale madrazos, no te quedes en la cuerdas…! Y emulando al Gran Campeón Mexicano, el señor Julio César Chávez…, el Viejo…grita, ¡vamos Canelo…las balas perdidas existen…!
Ya el último round, el ruso, que parecía japonés por sus rasgos físicos y sabiendo que la tenía la pelea ganada…no se arriesgó, el que debía “echar toda la carne al asador” era el pelirojo; fueron tres minutos tensos para el Viejo, no parpadeaba, me atrevo a decir que ni respiraba, esperando el “milagro”, el nocaut…una “bala perdida”…pero nunca llegó…el Canelo, no tuvo lo que se debe de tener para poder vencer a un peso semipesado natural…tuvo corazón y valentía, pero eso no fue suficiente…perdió en las tarjetas, 113-115, los jueces decretaban la derrota del púgil mexicano y, a la vez, le clavaban un puñal en el corazón al Viejo… a mi padre… ¡ni modo, a esperar la revancha, ahí se lo va a chingar el Canelo, van a ver!, dijo el Viejo…Y pensé, a esperar la revancha y a que le crezcan las uñas lo suficiente para que le vuelvan a aguantar los doce rounds…
