Opinión | Cuando la justicia pedía ser un Funko

Por Carlos E. Martínez

Hablar de justicia y leyes suele ser tan divertido como ver a dos monos acicalándose. En un primer momento resultará  curioso y hasta interesante, pero después uno se preguntará cómo es que estamos emparentados genéticamente con esa especie y a partir, de qué momento, el acicalamiento social dejó de ser una práctica común.

            Y no digo que el acicalamiento sea malo, alguien venga a hacerme piojito por favor, pero lo que digo es que las interacciones humanas y la vida en sociedad se ha vuelto tan compleja, que hablar de Derecho puede tomar horas, donde la mayoría de las veces no se llegará a ningún lado; más porque entre tantos términos técnicos es fácil acabar mareado.

            Así, como en algún momento los primates se dieron cuenta que para entablar relaciones con otros, ya no bastaba con sacarse los piojos; los seres humanos cayeron en consideración que si querían mantener la estabilidad dentro de sus comunidades era necesario crear reglas y normas de convivencia.

            Quizás el ejemplo más popular sea “Los Diez Mandamientos”, el decálogo de Dios en la tradición judeo-cristiana (no confundir con el decálogo de vacaciones seguras del gobierno de México), en donde se dan una decena de lo básico para comportarse en grupo:

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No darás falsos testimonios ni mentirás.
  9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciarás los bienes ajenos.

            Esto en su forma de catecismo y más popular.

            Sin embargo, pues eran sociedades “pequeñas” y con el paso de los años y siglos, fue necesario ir cambiando el lenguaje y establecer leyes no dictadas del cielo, sino hechas por el hombre y luego, en años más recientes, leyes que se apliquen para la población en general (sin distinción de sexo, género, raza, edad, etcétera).

            Mas no hay que obviar que por cada decreto, ley o norma que no se cumpliera había una sanción proporcional a la falta realizada, según esto. Claro que las leyes no son ni han sido perfectas, con ellas por delante se cometieron y se cometen grandes atrocidades contra sectores de la población. Razón por la cual, desde hace unos años, ya no solo se habla de leyes, sanciones sino también en reparación del daño a víctimas históricas. Lo cual considero que es un paso en la dirección correcta.

            Pero hay que ser claros, no todo acto en nombre de la “justicia” es válido y se debe señalar. El 25 de mayo del 2020 en la ciudad de Minneapolis fue asesinado George Floyd a manos de la policía. Este acto desencadenó una serie de protestas a lo largo del país y de manifestaciones pacíficas y violentas.

            Y por esos días platicaba con una persona que me dijo, no palabras textuales, que una cosa era un movimiento y otras las manifestaciones. Una tendría una agenda política, con puntos concretos y propuestas para generar un cambio en las condiciones; la otra sería para mostrar un descontento ante una acción, mas no pasaría de ahí. Que se podían nutrir mutuamente y aprovecharse, pero que no habría que confundirse y menos restar legitimidad al movimiento por lo acontecido durante las manifestaciones.

            El caso de George Floyd es muy reciente, sin embargo, ocurrió algo muy curioso en diversos foros de Internet y que parte de esta entrada :

            La comunidad negra ha sufrido más que suficiente. Nosotros, como propietarios de Funko POP, tenemos que estar con ellos y EXIGIR que Funko honre las vidas de las víctimas negras de la brutalidad policial haciendo un Funko POP de George Floyd. Tenemos que decirle al mundo que se posicione contra el racismo anti-negro, y no hay mejor manera de hacerlo que comprando un Funko POP de George Floyd. ¿Te unes a mí y tomas partido? (se puede poner en Google “George Floyd funko” para encontrar el post en inglés).

            Y aunque no dudo que había una buena intención de por medio, este tipo de actos de “justicia” solo van encaminados a darse una palmadita en la espalda a uno mismo, pero sin tomar el compromiso real de hacer justicia y, mucho menos, el de buscar formas -desde lo micro- en que estos actos no volvieran a ocurrir.

            No sé, solo me imagino una conversación tipo “No, nada contra los homosexuales, es más, tengo amigos gays”, y sería algo como “Ey, no, yo apoyo completamente a los negros, es más, compré la edición especial del Funko de George Floyd”. Ya mejor volvamos a quitarnos las pulgas mutuamente.

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