Opinión | Por el cierre de las bibliotecas

Por Carlos E. Martínez

Desde hace unos días la polémica se alzó en la ciudad. Todo se debió al “inesperado” cierre de la biblioteca municipal “Benito Juárez” (que ahora que caigo en cuenta, hay varios complejos en la ciudad con mención al Benemérito de las Américas), que levantó los comentarios en redes sociales y algunas manifestaciones en el inmueble, en contra de esta acción.

            Debo reconocer que comencé a leer por gusto a una edad ya grande, terminé mi primer libro por gusto a los 18. No es que en mi familia no se fomentara la lectura, al contrario, la mayoría de mis recuerdos de mi infancia tienen la imagen de mi abuela leyendo; y un librero, de mi tía, con bastante variedad (que a los años me lo heredaron), pero no sé, no me había atrapado.

         Sin embargo, cuando terminé mi primer libro, “De amor y de sombra” de Isabel Allende, no paré y hasta la fecha, cada semana un nuevo libro se suma a la colección y también en formato electrónico. Y cuando se agarra un hobbie, es de esperarse que surjan alrededor personas que también tienen esa afinidad. Más no recuerdo que alguien, en algún momento, me dijera 一Ah, no puedo, es que tengo que ir a la biblioteca 一, por lo cual cuando vi que la iban a cerrar mi pensamiento fue: ¿todavía existe?

            Y, también, en abril del 2020 INEGI publicó que “solo el 41.1 por ciento de la población analfabeta en el país leyó al menos un libro en los últimos 12 meses” (La Jornada, 2020). Solo por decir, por promedio, una persona dura sentada en el inodoro de 2 a 3 minutos, digamos que va dos o tres veces al día, si las personas tuvieran un libro en el baño, pues, la estadística aumentaría, pero ni eso.

            Pero, entonces ¿se debe abandonar todo esfuerzo por la lectura porque la población no tiene interés? Bueno, sin duda el tema es complicado porque, al menos en Tijuana, con serios problemas de violencia y desigualdad social, el que fondos públicos vayan para actividades que parecen no generar un impacto, pues bueno, es entendible que el grueso de la población no muestre interés en que este edificio sea cerrado o “trasladado” a otra zona.

            Y es que claro, hoy en día con el streaming, podcast, Youtube, y otras plataformas, la actividad de la lectura ha quedado relegada porque, a primera vista, pareciera ser la menos interactiva y menos entretenida de las opciones; y, también, a veces los que tomamos un libro en nuestras manos podemos ser muy insufribles y alejamos a potenciales lectores. “¿Qué haces leyendo a -inserte a cualquier autor-? Eso es basura, mejor lee esto”; “¡Deja de leer esa basura, qué edad tienes, mejor léete esto”, y cosas así de gente horrible.

            Pero leer da una perspectiva diferente de las cosas, cada personaje, cada historia, que podemos encontrar, también hace eco en uno. No solo se lee, también se asimila. Cada palabra, frase y párrafo nos muestra algo de nosotros. Que nos hace sentir amor, que nos provoca la soledad, la muerte de tal personaje, el viaje hacia algún lugar.

            Cerrar bibliotecas nunca debe, ni es, la solución, al contrario; se deben multiplicar los espacios y acercar la literatura a la gente. Sin tachar ni denostar gustos o afinidades; porque muchas veces pareciera que lo que se quiere es que la gente lea lo de uno y no que lea por gusto. Y eso también es lindo, cuando una persona se sienta frente a ti y te cuenta sobre sus lecturas, las que sean, el libro vuelve a cobrar vida y uno, indirectamente, está compartiendo un momento especial y de complicidad. Eso nos da la literatura, complicidad y una intimidad que debemos compartir.

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