Opinión | Un día usted morirá (pero no será hoy)

Por Carlos E. Martínez

En estos días he pensado en la muerte. Quizás es la cercanía de los 27, pero por alguna razón no pienso en mi muerte, sino en la de alguien. No en nadie en concreto, solo cavilo sobre la latente posibilidad de que suene mi celular o entre una notificación que diga “—– murió de covid” o “lleva 3 días desaparecida y nadie puede localizarla”; lo más triste es que ni siquiera es algo que no pudiera suceder, a como va Tijuana es algo tan posible que, tristemente, solo hay que darle tiempo al suceso.

            Sin embargo, antes de terminar mi cereal, pienso que, de cierta manera, a ese ente imaginario y circunstancial, nada pude haber hecho para evitar su deceso. Pensamiento con el cual trato de darme ánimo, pero mientras enciendo la cafetera otra idea se alberga en mí. Lo que da paso a otra tarea doméstica y así distraerme.

            Pongo una canción alegre en el celular. Mientras lavo los platos trato de sacar de mi mente los pensamientos fatalistas y tener algo parecido a una alegre mañana. Acabo de lavar los platos. Sirvo lo que será la primera de 4 tazas de café y pienso “¿Qué haría si alguien me llama o me escribe diciendo que se quiere matar?.

            La atmósfera de fiesta ochentera ha desaparecido. La música continúa, mas no estoy consciente de ella. Un sonido se ha colocado por encima, aunque se oye al fondo, como un eco, mi celular del trabajo está sonando. A mi habitación hay unos cuantos pasos, los cuales recorro con café en mano.

            -Ya no puedo más, en serio, no sé qué hacer.

            – ¿Qué pasó? ¿Estás bien?

            – Solo me cansé de intentar. Quisiera hacerlo, estar bien, pero no puedo.

            – ¿Dónde estás? Ahorita estoy desocupado y puedo ir.

            – Sabría que dirías eso, no necesito que vengas, tampoco sé para qué te escribí.

            -Supongo que querías hablar con alguien, tengo tiempo, ¿segura que no quieres que vaya contigo? ¿Un café?

            – Solo quieres hacer tiempo, ¿verdad?

            -¿Por qué tendría que hacer eso?

            – No te sale hacerte el idiota, sabes de lo que te estoy hablando. Me quiero morir y lo haré.

            – Tienes razón, pero debía intentarlo, porque en verdad me importas y sé que hace tiempo que no hablamos, pero estoy seguro que algo podemos hacer.

            – ¿Crees que no lo intenté ya? Me mandaron con psicólogos, psiquiatras, coaches de vida, ya fui el pinche ser más luminoso y que más vibró y nada cambio. Me siento quizás más miserable y fracasada por intentar y fallar.

            – Quizás no estaban partiendo del enfoque correcto, no sé, me imagino que debe ser frustrante ir a un sitio en el que te digan que has estado viviendo mal y que debes de cambiar. Y más cuando sus comentarios van en “enfócate en lo bueno de la vida”, como si eso fuera algo.

            – Sí, exacto, ¿por qué dejamos de hablar? Hubiera sido agradable ir por un café o una cerveza.

            -Ya te dije, en este momento estoy libre ¿te veo en media hora en la torre y de ahí vemos?

            – Lo siento, ya no tengo media hora…

Solo fueron 60 segundos y tampoco pude hacer nada para salvar al sujeto. Tomo el celular y la llamada era, obviamente, de un asunto laboral. Sin embargo no pude evitar el escenario. Doy un sorbo, me preparo para regresar la llamada perdida, me mentalizo e inicia.

            -Hola Carlos, ¿cómo estás?

            -Bien, bien, aquí andamos, como siempre…

Por mi vuelta al trabajo, después de unas vacaciones, he visto demasiadas noticias y lamentablemente la mayoría no son buenas. Trato de compensarlo con diferentes actividades y ha funcionado, pero sé que puede ser muy complicado de llevar y es muy válido sentirse triste, deprimido o con cualquier cantidad de sentimientos negativos.

            Sin embargo, el querer acabar con la vida no es algo normal ni que deba tomarse la ligera. Un amigo, la familia, cualquier persona puede ser un soporte y una ayuda, pero también el 075 o la “Red Nacional de Prevención del Suicidio” en el número 1-888-628-9454, pueden ayudar.

            El no estar felices todo el tiempo, no significa que la vida no valga la pena.

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