Por Gabriel Mendoza García
¿Renacer? No gracias, llevo ya setenta y siete años tropezando con los mismos errores: noche tras noche le canto a la luna y ella me responde con su eterna indiferencia. Ya mejor mátenme de una vez. No necesito ver cómo la gente entra en pánico por las nevadas que cayeron en Ciudad de México. Vamos, es que nadie estaba preparado para ello: los recubrimientos en los techos de las casas a duras penas aguantan el pinche granizo. Ahora, imagínese usted: ¡nieve! Mi compadre Eusebio me dijo que se estuvieron robando botargas del Doctor Simi para cubrirse del frío. La última vez que nevó fue en los cincuenta, cuando yo era apenas un niño. La verdad no me acuerdo de nada. No sé ni siquiera lo que desayuné esta mañana. Me la he pasado viendo a través de la ventana. Hace unas horas unos niños comenzaron a lanzarse en sus avalanchas fabricadas con tapas de botes de basura. Uno de ellos estaba en calzones… No me pregunte por qué. Ahí quedó, muerto y todo calato. Está todo muy raro, oiga. ¿No tendrás un peso? Préstame un peso, ándale. Oye, anda, te decía, que esto está cada vez más raro. El Alto Mando Mexicano dijo hoy en una conferencia de prensa, que la prioridad número uno del país era hacer que los Tlaxcaltecas se disculparan por ser unas ratas traidoras. Digo, ya pasaron siglos de ello, no creo que sea un tema relevante. Por cierto, ¿qué clase de persona usa saco de rombos? Mire, he visto muchas épocas y, de verdad, esas prendas nunca estuvieron de moda. Ahí tengo unos sacos apolillados, pero seguramente están más presentables que esa chingadera. Ya tirela, oiga… Préstame un peso, anda, préstame un peso. ¡Ya viste! La vecina del quinientos tres metió a un señor a su casa. Mire, asómese… ¡Es Don Raúl! Hijo de la fregada… Si está bien chavita, oiga. No, no es que me de envidia ni nada por el estilo, pero si fuera mi hija… Yo sí ando matando al pinche papadón ese… ¿Tú tienes hijos? Qué bueno que no tienes… ¿Pa´ qué quieres broncas? Luego se andan creyendo Tarzán de las nieves y, ve, ahí quedó muerto el chamaco pendejo. Oye, ¿no tendrás un peso? Préstame un peso, anda, préstame un peso. Así las cosas, mira, ahí van los doctores Simi, ya son cinco cabrones. ¿Crees que hayan entrado así nomas a las farmacias y se hayan puteado a los empleados? Ya es tarde, manito. No te quiero correr, pero está haciendo harto frío y no sé donde vivas. El camión no va a pasar, de eso estoy seguro, manito. ¡Anda, que me prestes un peso! Ya ha de estar cogiendo el pinche Don Raúl. Hijo de la fregada: ahí restregándole las chiches peludas de hombre a la pobre muchachita tan guapa y delicada. Fíjese, el otro día me dijo que si no le cooperaba para un celular, pues se lo robaron a la pobre. Y allí me tiene, buscando entre mis cosas… No encontré dinero pa´ darle, oiga. No recuerdo en qué momento me quedé tan pobre… Y eso que mi papá es Fox, es presidente de México, mi papá es Fox, es presidente de México. Anda, que mi papá es Fox, es presidente de México. MI PAPÁ es Fox, es presidente de México. ¡MI PAPÁ ES FOX, Y TE ESTOY DICIENDO QUE ES PRESIDENTE DE MÉXICO! Anda, préstame un peso, préstame un peso, anda. Anda, oye…
