Por Carlos E. Martínez
Uno fantasea con ser Jeff Bezos o Elon Musk, esa persona multimillonaria que a base de esfuerzo logró posicionarse en la cima del mundo y que lo hicieron “solos”, que nadie confió en ellos y, sin embargo, lo lograron y se volvieron una “historia de éxito”. Todos quieren llegar a este punto de estatus y fama. Pero, no sé porque, pareciera que para lograrlo hay que convertirse en su jefe propio.
Recuerdo que un día, hace ya unos años, un amigo vino a mi casa para “practicar” su discurso de vender café. Recién había invertido en Organo Gold o algo así y necesitaba entre vender el producto e invitar a más gente a unirse. Evidentemente era uno de estos negocios piramidales donde los de la punta eran los que se estaban llevando el dinero y para los de abajo, conforme más bajaran, era mayor la esperanza de subir, pero sin generar grandes ingresos o, en algunos casos, pues, no generar nada.
Al terminar el día de práctica, no sé si mi amigo en verdad quería venderme algo, evidentemente nunca me lo propuso directamente pero como parte del discurso de “ensayo”, si se mencionó. Al final, solo le duró unos meses esa “ambición” de ser su propio jefe. Cambió de giro radicalmente y por ahí anda ahora.
Sin embargo, ocurre algo con esos negocios piramidales, discursos de emprendurismo e inclusive en lo llamado coaching de vida (te doy 4, lo que sea que eso signifique); lo que sucede es que el producto, sistema o el valor no es lo que falla, sino que, falla uno. Al no poderse ajustar o promover o vender equis cosa, pues, no le está poniendo suficiente empeño y por eso fracasa.
Y hoy nos avientan “historias de éxito” en donde, por ejemplo, Jeff Bezos fundó Amazon en el garaje de su casa y de ahí hasta lo que es hoy en día y que lo ha posicionado como el hombre más rico del mundo. Pero no se sueltan los detalles en donde fue el papá el que soltó la mayoría de la inversión inicial para esa compañía. No es que eso le quite mérito, pero si no es porque ya pertenecía a una familia de dinero, pues, no hubiera pasado de ahí.
Sin embargo, la idea del hombre que solo tiene un sueño y se enfrenta al sistema es mucho más rentable que la del godin asalariado. No hace falta mucho para darse cuenta, basta con entrar a la página de Internet de Gandhi o Sanborns y los tops de venta son libros de cómo vender al mercado. Cuando es el propio mercado quien vende eso y está consciente de que las personas tienen esa ilusión pero, también saben, que no lo van a lograr; pero que son un cuerpo de consumo.
Hoy se nos invita a liberarnos, a ser nosotros mismos y manifestarlo pero la apuesta es demasiado riesgosa. Hoy se extiende la ilusión de que cada uno, en cuanto a proyecto libre de sí mismo, es capaz de una autoproducción ilimitada ( Byung-Chul Han, 2019). Cada uno, en ese afán de ser lo que es o tratar de alcanzar eso que puede ser, se va a consumir; en el sentido de acabarse a sí porque siempre estará proyectado hacia ese futuro que por el contexto social le fue negado pero que por la fantasía del mercado, puede ser alcanzable. Y, por el otro lado, va a consumir todos aquellos productos e ideologías que lo “encaminan” hacia ese destino.
Un vistazo rápido al siglo XX nos da cuenta que el trabajar solo existía para eso, y pues no gastaba más allá de necesidades básicas o familiares porque la proclama de ese tiempo, de manera muy general claro, era el “producir” y eso era lo que premiaba el trabajo. Sin embargo, con el nuevo siglo y la masificación del Internet, pues, la nueva proclama del mercado fue “consuman” y solo el humano libre puede hacerlo.
Y es en esa libertad (de mercado) en donde solo cabe el ser tu propio jefe el tú definirte y cortar los lazos con lo que no va contigo y no recibir comentarios que no vayan en sintonía con lo que eres. Hay toda una industria de producción alrededor de ser tu propio jefe: libros, podcast, revistas, vídeos, documentales, biografías, marcas de ropa, campañas de publicidad, cursos, meditación, espiritualidad, alimentos, hasta palabras y conceptos.
En el siglo XXI el mejor producto no ha sido el Smartphone sino el ser tu propio jefe. Es lo que deja las mejores ganancias y nunca se devalúa. Todo cabe, todo es una posibilidad en el mercado de hoy en día y cualquiera puede intentar o aparentar que lo ha logrado; pero habrá que observar quien en verdad se está llevando el dinero. ¿Quién es el jefe del jefe?
