Opinión | Huele a FIL Guadalajara (Parte 2)

Por José Nava

Hay tantas historias como gente que asiste a la feria (un promedio de 800 mil asistieron en el 2019)

La palabra FIL representa para muchos grupos editoriales en el mundo, muchas cosas: estrés, pesadillas, apurancias, pagos, selección de libros, envíos, felicidad, reencuentro, ganancias, pérdidas; un sinfín de emociones que, aunque año con año, se repiten con un matiz diferente. Pero este 2020, la FIL fue, muy diferente…para empezar recibió el prestigioso Premio Princesa de Asturias 2020:

Raúl Padilla López, presidente de la FIL Guadalajara, dijo en un mensaje transmitido durante la ceremonia que este premio va dedicado a aquellas personas que han perdido la vida durante la pandemia de la COVID-19. [i]

Para un liliputiense (reducido) equipo editorial, de una institución del norte, FIL es el evento más importante del año. El grupo está compuesto por una coordinadora audaz, con una visión panorámica y memoria de elefante que, como cada año, cuando se acerca la feria, empieza a tener sus típicas pesadilla anuales (no llegaron los libros a la feria, -se ha vuelto realidad- no tenemos stand porque no se pagó a tiempo, no se enviaron los libros de las presentaciones…); una correctora, ensimismada en la revisión de tres libros a la vez, que “deben de salir para presentarse en FIL, porque ya hay un compromiso” (exige el que dice que lo sabe todo, pero nunca ha puesto un pie en FIL); un distribuidor, “loco”, que revisa la lista de las novedades editoriales; la de los que se van a presentar; la de los libros de temática general, y la de los accesorios que no pueden faltar para “montar” stand. Tambiénempieza a  hacer cuentas y operaciones matemáticas para que le alcancen los “tres pesos” de viáticos que lleva (siempre con la esperanza que estando en FIL le depositen el aguinaldo); una asistente de la coordinación que, gracias a Dios, en todo está, hasta en misa (es al ajonjolí de todos los moles) y un becario que aún no se ha familiarizado con las tres letras, “FIL”. Este equipo se empieza a preparar con muchos meses de antelación, casi desde enero (se inicia tramitando el primer pago para el stand). Para ellos la feria termina cuando la última caja es entregada a la mensajería para que regrese a la institución.

Por aquello de los dineros, y cuando “están” de buenas, la institución manda a dos miembros del equipo editorial a la feria (carne de cañón). Dos que, “orgullosamente” llevan el estandarte de la institución. La coordinadora, que se encarga de las cosas “oficiales”: juntas, reuniones, entrevistas, foros, contar libros, cargar cajas, presentaciones de libros, volantear, y que de vez en cuando recibe piropos y desplantes de clientes, que “creen” saber más de la institución que ella, que al igual que otros (como El Copacabana, que gritó a todo pulmón, en una de las ya extintas posadas de la institución: “eres mi vida…”), lleva una vida en ese lugar:

Cliente: Oh, sí, conozco este lugar está en la frontera, alguna vez estuve ahí, solo hacen trabajos de migración, ¿verdad?…

Coordinadora: No solo de eso, hay de muchas temáticas, por ejemplo tenemos libros de género, identidades, antropología, política, economía, cultura…tenemos varios temas…

Cliente: Sí, pero lo que manejan es la migración…

La coordinadora, con esa ecuanimidad que la caracteriza y teniendo presente que representa a la institución, solo sonrió.

Cliente: Ah, mire, este libro es de mi amigo, ¿aún trabaja ahí?, ¿va a venir?

Coordinadora: De hecho ese libro es una de nuestras novedades, y casualmente, se va a presentar hoy a la seis en el salón “A” del Área Internacional…tome un folleto de la presentación para que nos acompañe, va a estar el autor.

Cliente: Ah qué bien, ¿qué precio tiene el libro?

Coordinadora: Le cuesta $200.00 pesos…

Cliente: ¿Ya con descuento…?

Coordinadora: Sí, precio especial por la presentación…

Cliente: Bueno, gracias…al rato vengo a la presentación para que me lo regale mi amigo… ¿no tiene plumas o postales…? No, mejor… ¿me puede regalar una bolsita?, es que compré muchos libros pero no me dieron esta bolsa fea y la de ustedes está muy bonita…

De todo pasa en FIL…

Eran las cuatro y media de la tarde, a las seis tenía que atender la presentación de un libro. Para empezar, había que “volantear”, arte que no “cualquiera” puede hacer porque “hay niveles” y además, no todos están preparados emocionalmente para recibir un: no gracias, no me interesa o que te dejen con la mano extendida o simplemente ver aquel folleto que, con una sonrisa y un…muchas gracias joven…aceptaron, perometros adelante, termina hecho bolita en el bote de basura. A pesar de eso hay que seguir volanteando, invitar a la concurrencia para que haya quórum en la presentación, claro está, sin desatender el stand para no ser víctima de algún amante de lo ajeno, que se interese por los temas de “migración”. Aunque se sabe que a la FIL, van de todo tipo de cacos, (otra peculiaridad de la feria); hay quienes van buscando libros de los escritores más renombrados de la literatura universal; los que buscan los libros del “momento”, (los de los influencers); los que van “por encargos” y los que van por el efectivo de las ventas o aparatos electrónicos que se utilizan para promover las novedades editoriales: de todo hay en la viña del Señor.

Después de media hora de volantear, ya siendo las cinco, empecé a preparar el material que tenía que llevar a la presentación: veinte ejemplares del libro a presentar, la terminal punto de venta (TPV), bolsas para los osados compradores, llevar “cambio”, más volantes, seis atriles chicos, para que el libro tenga mejor presentación; dos atriles tamaño oficio con el poster de la presentación: uno para la mesa que está en el pasillo donde se ponen los libros a la venta y el segundo para la mesa de los ponentes; dos banners con el logo y la información de la institución, uno para poner afuera del salón para que se enteren de que estamos presentes en la magna feria; el otro se coloca dentro para que salga en las fotos.

Cinco y media, le encargo el stand al vecino de la institución hermana para ir a atender la presentación. Primero me cuelgo un banner, me lo cruzo por el cuello a manera de carrillera revolucionaria. Después tomó las dos bolsas con los libros y los demás accesorios, ya casi listo para arrancar la carrera y atravesar desde la famosa área de las instituciones académicas hasta los salones del Área Internacional, me di cuenta que aún me falta la bolsa con la “máquina de las tarjetas”, las bolsas, los volantes y unos banners más, mientras pensaba cómo le iba hacer…llega la “salvación”, la coordinadora, que viene saliendo de una asamblea, dos reuniones, una entrevista, (y hambrienta), toma el banner y la bolsa que faltaba. Ambos emprendemos la caminata. Para esto ya son las cinco con cuarenta y cinco minutos, (la presentación es a las seis), hay que caminar rápido, lo cual es casi imposible porque es sábado y el lugar está a reventar y para colmo, en el Área Internacional, el escritor Arturo Pérez-Reverte (uno de los escritores favoritos de la coordinadora), está firmando sus obras…la acumulación de gente es bárbara…pero no se comparaba con la cantidad de lectores, que con libro en mano, esperaban, un día antes, a que el Dr. César Lozano se los firmara (la fila casi salía a la calle por la salida donde está el hotel Westín). La coordinadora se detiene a buscar otra ruta (mientras le echa un ojito a Pérez-Reverte), en el horizonte no se ve otro camino mejor, hay que abrirse paso a empellones para llegar a la presentación…con permiso, con permiso, (ya hemos perdido tiempo)…tantos empujones me provocaron uno de los miedos más terrible que puede sentir una persona, para decirlo en palabras acordes a las buenas conciencias y a la FIL: un retortijón, los síntomas se pudieron camuflajear con la situación en la que estábamos: sudor y desesperación por llegar al evento…(son de esas veces que cerramos los ojos y le imploramos al Señor que tenga misericordia de ti) Al parecer el retortijón tuvo piedad y se contuvo. Como pudimos atravesamos la multitud. Llegamos al salón, con cinco minutos… a favor, pero los presentadores no habían llegado: otra raya más al tigre.

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