Por Carlos E. Martínez
Hace unos días, para ser preciso, el domingo 6 de diciembre, estaba viendo fútbol en casa de mi abuela. Aunque ya no soy tan asiduo a ver diferentes partidos, como en otros años, la realidad es que sigo atento a los juegos de los Pumas de la UNAM; equipo al que le he ido toda la vida que llevo y que llevaré.
Para estas alturas, todos saben que en el encuentro del domingo los Pumas lograron la hazaña, remontar un 4 a 0 del día jueves, 3 de diciembre, que había metido el Cruz Azul. Digamos que el jueves no había mucho que hacer y vi el partido, mientras mi abuela y mi mamá cocinaban, yo, como en la tierna infancia, estaba en la recámara de mi abuela sentado frente al televisor, totalmente dispuesto, abierto, entregado, para recibir las imágenes del aparato.
El supuesto resultado era inevitable, según grandes expertos y analistas deportivos, el juego era solo un trámite y estaba asegurado el pase a la final de la máquina cementera. Con el resultado del jueves se había hundido una muy buena temporada regular de los Pumas y todos daban por finalizado el encuentro. Ya solo quedaba definir los horarios para el juego León vs Cruz Azul.
No voy a decir que soy un ciego optimista o un mal pesimista, no, siempre me he jactado de estar más apegado al estoicismo que, dicho de manera breve, es apegarse a lo que el logos decide. Una persona estoica se reconoce como un ser racional e identifica al cosmos como una entidad también racional por encima de él, entonces, el humano estoico debe vivir de acuerdo con el cosmos quien es quien rige los acontecimientos.
Un contacto en Facebook publicó, después del partido del jueves, una imagen (https://www.facebook.com/tudnmex/photos/a.381650602339/10159084444787340/) y yo, no sé por qué, le respondí con un GIF de la botarga de los Pumas, Goyo, hondeando la bandera. Una persona estoica debiera acatar lo que el universo le presenta y vislumbra que le depara. Se deben ajustar y armonizar los deseos y acciones con los acontecimientos, ya que éstos son la manifestación del cosmos; lo estoico hubiera sido aceptar esa derrota de buena gana y limitar mi presencia a otras cosas que si estuvieran bajo mi control o que, por lo menos, pudiera influir de mayor manera.
Cuando comenzó el partido del domingo, estaba a 2,762 kilómetros de distancia del estadio, es decir, nada de lo que hiciera podía influir en el juego y, sin embargo, pasado el tercer minuto, el primer gol de los Pumas, me hizo saltar de la silla y gritar como si hubiese sido el que cobró el tiro de esquina.
Aunque lo acontecido días previos todavía daba un resultado global de 1 a 4, aún faltaban 3 para lograr ese empate y el Cruz Azul no podía meter goles sino eso agregaba complejidad al juego, lo estoico de mi parte era aceptar ese gol como un hecho fortuito que no alteraba, en ese momento, pasado, presente y futuro; pero ese grito de gol abrió algo.
Tuvieron que pasar 33 minutos para volver a gritar el ansiado gol que acortaba las distancias, tuve que poner pausa al torrente de emociones ya que la jugada fue revisada, pero cuando se validó la notación, la alegría volvió; y antes de acabar el primer tiempo, a los cuarenta minutos, se puso el marcador global 3 a 4. Solo hacía falta 1.
No podía hacer más que emocionarme y los cronistas solo agregaban más efusión al encuentro que se auguraba para ser una remontada épica; lo que 45 minutos antes se descarta, ahora se había vuelto posible y terminó de concretarse en el 88 cuando se puso 4 a 4; resultado que daba el pase a la final a los Pumas.
El ser estoico que había en mí se había marchado, la emoción en mí estaba fuera de toda racionalidad y para los mismos cronistas y expertos deportivos este resultado estaba fuera de toda lógica.
Pero, aún falta el juego importante, sin embargo, lo que dio el fútbol ese día es que un partido son 90 minutos y que, aunque parezca que el cosmos se ha manifestado y todo está dado, el ser humano sí puede imponerse sobre éste. Quizás para el Cruz Azul su maldición fue el ser estoicos: aceptar de buena forma lo acontecido y tratar de cuidar ese acontecimiento. El universo había puesto 4 goles a su favor y su director técnico quiso preservar eso.
Sin embargo, con una mentalidad quizás muy arriesgada pero que funcionó, contra toda razón, el equipo de la UNAM fue más pasional, dejó que cada fibra muscular fuera contra la razón y salió con la victoria. Uno quizás interpreta acontecimientos como mandatos divinos o del cosmos o de energías, pero solo somos humanos en un espacio en donde no importamos y el fútbol es un deporte de pasiones donde en 90 minutos todo puede pasar y ningún resultado, por más determinado que parezca, debe aceptarse.
P.D. Sí, es la madre de todas las cruzazuleadas.

