Por Carlos E. Martínez
A veces uno tiene que hablar de temas sumamente desagradables y a veces hasta sin sentido como lo son las campañas electorales y los partidos políticos. Creo que es muy diferente hablar de Política, Democracia y partidos políticos y campañas electorales, lo cierto es son conceptos y preceptos tan ligados que se hace muy complicado hablar de una sin hablar de la otra y, por ende, cuando la gente habla de “política” lo hace a través de nombres o partidos; lo cual solo es una parte del prisma.
Pero, se vienen elecciones en el 2021, así que, a veces es necesario, como un deber moral (guiño, guiño), adentrarse en el fango y ver que se puede rescatar. Lo más importante para irse introduciendo en los temas de la Política y la Democracia es esclarecer algunos conceptos. Digamos, ver la obra negra de la hermosa mansión que es el Régimen Democrático en México.
En inicio tenemos el Estado, que no es lo mismo que una entidad federativa como lo sería el estado de Baja California, el estado de Sinaloa, el estado de Colima, no, cuando se habla del Estado, así con mayúscula, es hablar sobre todo aquello, el conjunto de elementos necesarios para echar a andar a la sociedad: población, territorio, soberanía y reconocimiento. Entonces, como tal, el Estado no existe, es una de estas tantas cosas que el ser humano creó o ideó para organizarse, todavía no se puede llegar a un lugar y decir “me da un Estado” o todavía los países no pueden entre ellos copiarse o imponer su Estado a otros, sin hacer las adecuaciones necesarias a los contextos. Pero ese es otro tema.
Entonces, una forma, quizás sencilla pero ilustrativa, es que el Estado no son las personas, ni los edificios u otros elementos, vaya, ni siquiera la propia bandera del país lo es, sino que la representación física del Estado es la Constitución; ese acuerdo social bajo el que todos acordamos organizarnos pero que, por lo cambiante y fluctuante de la humanidad misma, puede cambiar y a veces es muy necesario, como en el caso reciente de Chile, hacer una nueva que esté acorde al momento presente y con proyección al futuro.
Ahora viene el tema levanta pasiones, lo que puso a Paco Cachondo y a Ricky lo canallín: el Gobierno. Aquí, de manera muy amplia, la población se tiene que separar entre gobernantes y gobernados, pero NO se debe entender como una cuestión de “vencedores” y “vencidos”, sino que el Gobierno es la forma en la que se organiza a la sociedad y quienes o quién o está a cargo de las funciones propias de organizar.
Pero, ahora me pregunto, ¿por qué tantas personas buscan acceder al gobierno? ¿Qué tiene de interesante el organizar? Bueno, hace unos días estaba organizando mi cuarto y entre mis labores, al momento de doblar mi ropa, en una chamarra me encontré un billete de $50, y así buscando ya con intención encontré un par de monedas. Ahora, en mi casa, con esa experiencia a cuestas, me he ofrecido a lavar la ropa, a veces no se encuentra nada pero otras veces sí. Imaginemos ahora, ¿qué puede ganar alguien que está encargado de organizar a la población y en esta labor se encuentra la sociedad (población), territorio, justicia y poder? Bueno, es mejor que lavar la ropa.
Y del Gobierno tenemos que pasar a otra cuestión muy ligada, muy mencionada, pero a veces medio difusa: sistema político y régimen político. Cuando se hace referencia al sistema, ya estamos hablando de algo más tangible, hablamos de todas aquellas instituciones vinculadas al ejercicio de gobernar; básicamente cualquier edificio que uno ligue al Gobierno, es una parte del sistema y el conjunto, pues, el sistema completo.
Muy de cerca al Sistema se tiene al régimen político, el cual es la interacción entre los gobernantes y gobernados; es la relación que mantienen los “políticos” con la población, y, por ende, la forma en la que ejercen el cargo, es decir, todo lo que hacen o no hacen cuando tienen el poder. Régimen y Sistema tienden a estar muy unidos porque es la forma de hacer físico el concepto. Me explico.
Todos hemos visto esos memes en Internet de la mamá o la abuela que “educó” con la chancla, como medida para “corregir” cuando uno se había portado mal. Sin embargo, la chancla como tal no se alzaba ni se arrojaba en la dirección de uno por sí misma, era necesaria una intencionalidad por parte del familiar (gobierno) para que ese instrumento de calzado en lugar de funcionar de tal manera lo hiciera de otra y tuviera ya un objetivo definido con el cual marcaba la forma de relacionarse, en este caso, la intensidad del putazo: la institución de la chancla.
Y a partir de aquí, los conceptos iniciales, muy por encima, uno puede irse adentrando a las cuestiones más conocidas pero que a la vez nos han llevado hasta donde estamos: el despeñadero. Ideologías, partidos políticos, políticos, campañas electorales, voto, alianzas y otras tantas cosas que procuraré adentrarme en futuras ediciones. Por hoy, decepcionando un poco a Obrador; ya se me cansó el ganso.
