Opinión | ¡La normalidad ya fue!

Por Carlos E. Martínez

Supongo que todo el año será recordado como un año de muchos acontecimientos, pobre de los niños del futuro cuando tengan que decir las efemérides o los sucesos relevantes acontecidos en este 2020. Y será un desastre, todo ocurrirá como un “¿esto ocurrió antes o después? Claro que ocurrió antes, pero ¿antes de qué?. Creo que será algo como el diálogo de Hércules:

            ―¿El incendio fue después o antes del terremoto?

            ―Después del terremoto, lo recuerdo bien.

            ―Pero antes de las inundaciones.

            ―Y, por supuesto, ni mencionar la delincuencia.

Y claro, históricamente este año ¡uff! Va a dar mucho, dentro de un año la producción de películas el Sars-Cov-2 va ser tema, si ya lo es en ciertos capítulos de Grey’s Anatomy pero digamos que ahí se encuentra el glamour, y claro, todo el personal médico y de laboratorios y científicos y muchas personas están dejando toda su existencia para salir adelante de esta situación.

            Por mi parte, bueno, mi colaboración es quedarme en casa pero, ¿qué haré cuando un niño, cuando yo sea anciano, me pregunte cómo fue vivir en la pandemia? ¿Acaso le será atractiva la historia de un joven que pasó sus mejores veintes comiendo cacahuates garapiñados y apilando libros?

            Y es que, no puedo dejar de pensar que nos estamos también comprando un discurso medianamente cómodo, digo, a título personal, mis hábitos de vida no han cambiado demasiado sin embargo ahora me excuso en que hay una pandemia para hacer menos cosas de las que, de todos modos, no haría;  y me colocó por encima de mucha gente al ver que gente sale y hace su vida fuera. Claro que hablo a sus espaldas y por supuesto que los juzgo pero ellos solo están viviendo la vida que conocen y yo la mía.

            Porque cuando alguien me dice “Ya quiero volver a la normalidad”, pienso, estoy en mi casa, en pijama, viendo cosas en Internet o leyendo a mi antojo, es mi sueño de retiro 40 años antes; pero para mucha gente esa forma de vivir no les va, y hasta hace unos meses ellos “estaban bien” pero ahora el discurso oficial, de Estado, es “vivan la vida como ese ermitaño de allá” y vaya, mi existencia de cierta forma es la ideal y por eso tengo el privilegio y derecho de señalar pero ¿cuando esto termine?

            En definitiva estoy exagerando un poco mi drama, pero en redes es fácil ver a gente montando comentarios en diferentes páginas sobre lo irresponsable que son los otros y comparte (presume) las medidas que él o ella toma, evidentemente obtiene likes, comentarios de aprobación y otros reforzamientos positivos.

            Cuando uno tiene likes, el cerebro segrega dopamina, básicamente cada me gusta es una dosis de droga, y mucha gente en esta pandemia ha encontrado a su dealer, y por eso necesita que haya gente “irresponsable”, que salga a la calle para así ser quien reciba todas las dosis. Porque cuando esta pandemia termine, porque lo hará en algún momento, tendrán que buscar por otro lado.

            Y es por eso que cuando hay acontecimientos que despiertan pasiones, la gente se polariza, radicaliza y toma posturas agresivas, en redes evidentemente, para ser acreedores de esas dosis de reacciones, porque las posturas medias, tibias o conciliadoras no son atractivas cuando la gente está carente de emociones y, al mismo tiempo, en medio de una crisis.

            No sé, recuerdo una vez que platicaba con alguien, y estábamos hablando de los bares gays en Tijuana, para ese momento el más famoso era el Colibrí y con quien platicaba me dijo “cuando acepten a los homosexuales en todos los bares, cuando la gente sea más abierta, este lugar va a cerrar. Porque necesita que haya discriminación para existir, para que aquí se vengan a reunir” y, no digo que ya no exista la discriminación, pero en 7 años desde esa charla mucho ha pasado y, de hecho, el bar tuvo que cerrar porque ya no era rentable porque otros espacios se abrieron a la variedad de públicos.

            Quizás este año sea demasiado complicado y aún no llega la crisis, posturas más agresivas se verán y quizás hasta en espacios públicos pero siempre hay algo que se puede aprender si uno se da el momento; he aprendido dónde comprar los mejores cacahuates garapiñados de la ciudad y eso es suficiente para que la vida siga teniendo sentido.

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