Opinión | La realidad mexicana está acabando con los filmes de terror ¿no?

Por Carlos Ernesto Martínez

Hay una anécdota muy conocida en el mundo del cine, yo no la conocía hasta hace unos días. Según dicen, en el día de los inocentes de 1895, el 28 de diciembre, los hermanos Louis y Auguste Lumiere llevaron la broma demasiado lejos. En un sótano de un café en París, porque obvio no podía haber sido en otro lugar que no fuera la Ciudad de la luz, este par proyectó “la llegada del tren”. Básicamente la secuencia de imágenes de un tren en movimiento en dirección hacia la cámara, desde la perspectiva de quienes estaban sentados pues veían al tren ir en su dirección.

            Uno a estas alturas de la vida, ya ha visto muchas películas y salvo que sea en 3D o esa cosa mal llamada 4Dx, ya las imágenes que vienen hacia uno no generan sobresalto. Pero en 1895, para estos pillos era la primera vez que proyectaban algo así. Entre algunos testimonios encontrados en páginas de Internet, se dice que la gente salía despavorida, gritando que el tren los iba arrollar. No lo sé pero creo que esa broma, no intencional, se podría poner a la altura de la transmisión radiofónica de la Guerra de los Mundos.

            Entre otras cosas de lo mucho que no soy, no soy un gran fan de la historia, o sea sí, pero de la historia reciente, digamos, como de la época del nacimiento del osito panda de Chapultepec que hasta tuvo una canción de Yuri, ir más para atrás ya me haría parecer una persona medio mamadora y pues cómo que no, uno tiene que guardar su reputación. El punto es que al pensar en 1895 pues ahora, lo que pienso es que el más grande miedo de la población parisina en aquel tiempo eran los trenes. Porque más allá de ver algo por primera vez, un tren era lo más grande y veloz construido por el humano.

            Sin embargo, pensar en el miedo me hizo que me preguntará ¿a qué le tengo miedo? Una respuesta sería el envejecer sin un plan para el retiro, ya estoy en edad de empezar a pensar cómo voy a envejecer pero esa es una temática que jamás se plantearía en una película de terror u horror, y que, si por alguna razón, si la hicieran, dudo que saldría corriendo. Así que, cavilé sobre la posibilidad de no tener un miedo que pudiera ser representado en la pantalla grande o en la chica, o en la radio.

            Pero eso me llevó a una segunda pregunta ¿será que las películas de terror son vistas en México? Para eso, hice lo que cualquier persona haría, preguntar a Google y para mí sorpresa, aunque no tanta, el American Film Market explica que las audiencias de cine en México y Corea del Sur son los mayores fanáticos del horror, no voy a entrar en mayores detalles de lo que hace que una película sea terror u horror, y muchos menos tratar de definir el miedo. Solo digamos que es eso que produce ñañaras.

            Esta misma evaluadora de mercado (?), a muy grosso modo dice que este tipo de filmes incluyen el fumar, beber, apostar, la obscenidad, el abuso de drogas, el sexo, la violencia y la actividad delictiva y, algunas de ellas, no contienen ideas no basadas en hechos científicos, palabras más palabras menos, que incluyen fantasmas, temas de religión, los viajes en el tiempo, lo sobrenatural y la superstición. Y todo esto me suena a un martes por la noche de un mexicano promedio.

            ¡Vamos! No hace tanto creamos al Chupacabras, no hace tanto teníamos en los noticieros nacionales el suceso de que un sujeto, en Guadalajara, había capturado un hada, que miles de personas fueron a ver, obvio, pagando $20 pesos la entrada y que resultaría ser un juguete de plástico. Seis años después de esa noticia, a este hombre lo asesinaron en una tienda de abarrotes, básicamente le descargaron una pistola en el cráneo. Ahí queda una buena premisa de una película paranormal.

            Entonces, ¡vaya!, se podría decir que el mexicano por alguna razón que se podría etiquetar como la “esencia del mexicano” tiene predilección por estas películas pero ¿qué es lo que sucedió que, a diferencia de las personas del café parisino, la gente no salga corriendo de la sala?

            No lo sé, probablemente la psicología o quizás la sociología tenga alguna hipótesis más fuerte pero creo que los filmes, no solo los de terror u horror, necesitan a un espectador convencido, en la oscuridad de la sala, de que aquellas imágenes son verosímiles; cuando la impresión de realidad del cine logra convertir al espectador en un participante. Aún recuerdo el momento en que el Capitán América dice “Avengers Assemble” y el grito de la sala, como si todos en ese momento fuéramos a entrar a combate; y me erizo del puro recuerdo.

            Y no digo que una película de terror u horror no coloque a la gente en el ambiente pero, cuando salgo a la calle, después de ver Actividad Paranormal, estar en un semáforo y ver cómo delante mío frena una camioneta blanca, sin placas y vidrios polarizados, pues, se pierde el efecto, la película solo duró hora y media o dos horas, y el efecto se desvanece por una realidad más terrorífica.

            Hoy leía algo relacionado a que la niñez, de diversos grupos sociales, están expuestos a la violencia y de distintos tipos, y que esto es equiparable a cursar un entrenamiento no consciente, por el cual niñas y niños ven a la violencia como algo natural y que, con los años, llegan al grado de la insensibilización o tolerancia. Es bastante lamentable que la propia realidad pudiera quitar la experiencia que deja el ver una buena película y llevarse el susto.

            Se está muy lejos de aquellos años de ese terror de la sorpresa, de ver venir un tren en nuestra dirección y no tener certeza de que sucederá con nosotros cuando lo tengamos encima. Ahora, me parece, estamos ante un mundo que nos plantea más terror vivir, ya ni siquiera a un nivel de agobio existencial, sino a un nivel de que en cualquier momento se puede uno desaparecer y solo va a engrosar la estadística.

            Es lo bueno de octubre, le da la oportunidad a uno de ponerse tétrico sin que lo juzguen, lo confunden con el espíritu de la temporada. Pero ya que alguien le diga a México que sea menos tétrico para vivir.

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