Opinión | El ser mexicano y la lucha de independencia ante AMLO

Por Carlos Ernesto Martínez

Estoy a punto de llorar de tanto recordar. Hace unos días, varios de mis contactos en redes sociales comenzaron a postear fotos y publicar historias en algún viñedo del Valle de Guadalupe,corriendo en Playas de Rosarito o viendo el atardecer en Playas de Tijuana. Para el caso, lo único que me despertaban esas publicaciones era envidia porque, por alguna razón que aún desconozco, esas personas tuvieron acceso a la vacuna contra el Sars-CoV-2 y forman parte de un grupo de prueba que tiene que exponerse a espacios de encuentro para medir su nivel de inmunidad y para confirmar que no son agentes de contagio. Tiene que ser así porque solo eso explicaría sus grandes desplazamientos.

Y así estaba pasando mis días, investigando como podría formar parte de tan selecto grupo, cuando caí en cuenta que faltan muy pocos días para la conmemoración de la lucha de Independencia de México y me deprimí aún más porque era día nacional de embriagarse, no ir a trabajar o a la escuela. Solo agradecer a las figuras históricas que nos dieron patria y la promoción de dos doces de cerveza por menos de doscientos pesos en tiendas de autoservicio. Dios los bendiga.

Al unir estas ideas: identidad nacional – peda. Casi sentí que re-descubrí lo que es ser mexicano pero eso me llevó a otro orden de ideas. Desde la infancia y a la fecha he escuchado de algo llamado “orgullo de ser mexicano”, que ha decir verdad no me queda todavía del todo claro a que se refiere pero la idea general es que somos una población muy trabajadora, echada pa´lante y amigueros…ah y con tendencia al alcoholismo.

Entonces, quizás que la gente sienta la necesidad de salir (después de meses de encierro) no sea tan absurdo, es para lo que hemos casi sido educados. Desde las kermese de la iglesia, las tardeadas en la escuela a las fiestas masivas de cumpleaños donde aparecían parientes que no eran parientes (al grado de poder tener hijos y que no tuvieran riesgo de nacer con algún padecimiento) pero que se querían como si lo fueran.

Cavilar sobre esa idea me hizo darme cuenta que odio a AMLO, no porque quitará trabajo o porque girara la orden para frenar ciertas actividades sino porque se adoptó como justificación el “no ser esencial”. Y miren, yo no soy ninguna persona brillante ni letrada pero sé buscar en Google y dice que lo esencial es: “Que es importante y necesario, de tal forma que no se puede prescindir de ello”.

¿Cómo se sentirán las personas a las que suspendieron del trabajo o de plano hicieron renunciar porque no son esenciales? Por ahí he leído que el mexicano nació pa´trabajar y va a descansar el día que se muera en esta economía…pues bueno, ¿qué más queda? Porque ya no hablamos de una persona desempleada que vive con la angustia de tener que conseguir algún empleo para comprar comida. Ahora entramos en un nuevo terreno en el cual mucha gente (incluyendo a este humilde escritor) tendrá que buscar algún empleo sabiendo que sus habilidades y lo que sabe hacer, no es esencial. Que debemos de agradecer ahora a nuestro empleador por darnos la oportunidad de tener trabajo y, en algunos casos, ser explotados.

Y lo más curioso es que para los que sí son esenciales como recolectores de basura o personas que colocan la fruta y verdura en nuestras mesas, tampoco han mejorado sus condiciones. De muchos lados solo se emiten aplausos y felicitaciones pero, aunque digan que para el actor su alimento es el aplauso del público, estoy seguro que exageran.

Y con esto, no quiero justificar a nadie (salvo a mis contactos que ya se vacunaron, ellos si pueden salir) pero creo que uno, muchas veces, solo se puede encontrar a través del contacto con sus seres queridos. Familia, amigos, pareja y que es a través de esos momentos, construyendo recuerdos, que uno a veces logra sentir que sí pertenece a algún sitio.

Solo para dejar algo claro, soy el primero en decir que no vale nada la vida, la vida no vale nada (bueno, quizás lo dijo primero José Alfredo) pero por mi suma de experiencias y momentos que alguien de más arriba te lo diga: eso sí cala y más cuando ese se está pagando sus lujos y caprichos a través de mi trabajo.

P.D. Para evitar confusiones AMLO es Alejandro Modesto Lara Ortega, dueño de una tienda de abarrotes en la esquina cerca de mi casa que despidió a varios de su personal, solo conservando al chico de limpieza y al que coloca la mercancía en los anaqueles y él solo se dedica a cobrar y llevarse las ganancias por el magro sueldo en el que tiene a la mayoría de su población…digo, empleados.

Carlos Ernesto Martínez

Deja un comentario