Ser un Héroe Vs El Séptimo Arte Vs El Escuadrón de la Salud

Por Carlos Ernesto Martínez

En mi tierna infancia, veía una película o caricatura y escogía un personaje el cual era. Siempre elegí el Power Ranger azul (por mi predilección al color y las ganas de no querer estar realmente a cargo de nada), Donatello (TMNT), Batman, Homero; no importa, el punto es que veía algo, escogía un personaje y así quería llevar mi vida.

            Claro que existían los límites de la edad, no era capaz de cargar grandes pesos, lanzar fuerte, dar una patada giratoria o cualquiera de las habilidades requeridas para ser un héroe; pero eso nunca detuvo mi imaginación de infante para creerme siempre un personaje. Y he arrastrado esta conducta hasta mis dulces 26 años.

Hace unas semanas ví La Nueva Gran Estafa, que básicamente trata sobre planear cada detalle de un robo para ejecutarlo de manera perfecta y sin consecuencias no previstas. He pasado un total de 2 meses pensando en cómo introducirme en el Oxxo de mi colonia, salir con la mayor mercancía y sin dejar evidencia. El problema es que en lo que lo llevo cavilando lo han asaltado 2 veces y se han metido por el techo, durante la madrugada, en 4-5 ocasiones; lo que ha ocasionado que pongan más cámaras, una alarma más estridente y alambre de púas. Quizás si no lo pensara tanto…

Continuando con mi confinamiento, vi Kick-Ass 2; la cual, después de la película de Súper, coloca el ser un héroe o superhéroe en el plano de lo alcanzable. Al final de la película, quizás como reflexión pretenciosa (pero muy efectiva) plantea que no pueden existir superhéroes reales por un motivo, porque el mundo real necesita héroes verdaderos.

Con eso entendí que alguien como Susana Distancia y el Escuadrón de la Salud (Refugio, Prudencia, Esperanza y Aurora) no podían hacer frente a la amenaza del Sars-CoV-2. Necesitaban alguien de pie, en la calle. Así fue como con mi barbijo doble, un impermeable, mi careta (para proteger mi identidad) y dos termómetros decidí combatir el mal en las calles.

Salí al parque de mi colonia con el fin de tomarles la temperatura con el termómetro digital. A los que se negaran, haría lo que fuera necesario para tomarles la temperatura, ahora vía rectal. El Escuadrón de la Salud no había podido con las “buenas tácticas”, se necesitaba algo diferente, más allá del bien o del mal, el método no importa cuando se está en riesgo la vida.

Lo único que sucedió fue que me corrieron.

-Vengo a salvarlos de ustedes mismos -les dije mientras apuntaba mi termómetro en su dirección.

-¿Y tú quién chingados te crees?

-Alguien que está por encima del bien y del mal, alguien que solo quiere salvarlos. Soy…CaretMan.

-…Mira, mocoso, trabajo toda la semana. ¿Crees que no tengo Internet? Sé lo que pasa y que estoy en riesgo, pero también está en riesgo que mi familia coma y el dinero no se da en los árboles. Y lo único que quiero es salir con mi familia, tomar un poco de aire y que no me estén chingando. Suficiente tengo con la gente cagando el palo por Facebook como para ahora también tener que aguantar en la vía pública; así que metete ese termómetro por donde te queda.

Y ese termómetro, en efecto, solo conoció mi cavidad. Porque más allá de mis buenas intenciones, entendí que solo soy el personaje principal de mi película pero para los demás, con suerte, entro como un extra; que con la dirección correcta puede generar algún cambio o darle más fuerza al momento pero, en mi caso, traté de meterme por la fuerza. Como el termómetro.

No lo sé, quizás solo sean las ganas de hacer interesante una vida pero tengo que recordar que esas películas que veo solo suceden en dos horas, mientras que mi vida, al menos por esperanza de vida, estará más allá de los 70 años. Lo que haga la gente para llevar su día, su cotidianidad y tratar de ser felices, está más allá (muchas veces) de mi comprensión.

Carlos Ernesto Martínez

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